¿Tenés un hall de entrada muy amplio y no sabés cómo transformar ese enorme y maravilloso espacio en blanco en un ambiente encantador? Una de las maneras más sencillas de garantizar que tus invitados se sientan bienvenidos ni bien entran a tu casa, es mediante el uso del color para definir el espacio. Es una excelente manera de causar una gran impresión sin gastar demasiado dinero en obras de arte, además de aportar una sensación de dramatismo al sobrio hall de entrada.

Si tenés una puerta principal personalizada o hermosos ventanales, podés pintar los cerrojos con colores brillantes, como mora, amarillo mango o verde azulado. Si tu hall de entrada es largo y espacioso, podés crear un punto focal al final del hall mediante un tablero personalizado. ¿Todavía te queda espacio sin usar? Si querés ir más allá, armá un rincón de estudio o de almacenamiento integrado para guardar todas esas piezas y artículos que inevitablemente terminan en el pasillo de entrada.

Las macetas de gran tamaño y ciertos accesorios como luces colgantes llamativas, alfombras coloridas y espejos antiguos también logran crear un espacio cálido y acogedor.